Guerra irregular en América

La forma dominante de competencia estratégica en el siglo XXI.

SEGURIDAD Y LATINOAMERICA

Nicolás Pulgarín

8/18/20265 min read

photo of outer space
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Introducción

Por décadas, se ha interpretado la seguridad en América Latina a través de esquemas heredados de la guerra convencional o del conflicto interno tradicional: insurgencia, contrainsurgencia, crimen organizado y desorden público. Estos conceptos se destacan particularmente en la década de 1970 con el surgimiento de las guerrillas comunistas en el continente y más recientemente con los carteles de droga. No obstante, estos esquemas se vuelven cada vez menos efectivos para describir la auténtica dinámica de poder que hoy en día afecta a la región.

América Latina no está envuelta en conflictos interestatales; el más reciente que ocurrido en la región fue la guerra del Cenepa en 1995 entre Perú y Ecuador; tampoco en levantamientos ideológicos de gran envergadura. Lo que enfrenta es un asunto más complicado y constante: procesos constantes de guerra irregular, comprendida como una forma de competencia estratégica por legitimidad, influencia y control social, desarrollada de forma indirecta, ambigua y, usualmente, por debajo del límite del conflicto bélico abierto.

Esta no representa una clasificación residual ni una etapa transitoria hacia otra clase de conflicto bélico. Cada vez es más evidente el tipo de conflicto político y estratégico más predominante en el hemisferio.

La guerra irregular más allá de la violencia armada

La teoría actual ha expandido no sin conflictos el concepto de guerra irregular. El Anexo de Guerra Irregular del Departamento de Defensa de los Estados Unidos caracteriza este tipo de conflicto como una batalla por impactar en comunidades significativas y modificar la legitimidad de actores políticos, empleando una mezcla de estrategias militares y no militares (Department of Defense, 2020).

Esta conceptualización desafía la perspectiva convencional que comparaba la guerra irregular con la guerrilla o la insurrección armada. Como señala Nagata (2020), uno de los retos doctrinales más significativos reside en establecer si la violencia es un requisito esencial o si es suficiente con generar impactos estratégicos en la legitimidad y la influencia. Dentro del marco latinoamericano, los indicios empíricos indican lo segundo.

Las varias campañas estratégicamente eficientes detectadas en la región no se distinguen por la lucha continua, sino por la mezcla de coerción selectiva, control social, dominio institucional, presión financiera y manipulación de la información. Sin embargo, sus impactos son profundamente estratégicos y de larga duración.

América Latina como espacio privilegiado de la guerra irregular

El significado de la guerra irregular en América Latina se justifica por tres elementos estructurales que se fortalecen entre sí.

1. Gobernabilidad criminal y legitimidad operativa

En extensas regiones del continente, organizaciones delictivas a nivel global han superado el terreno del crimen para transformarse en protagonistas de la gobernabilidad territorial. Estas redes controlan economías ilícitas y jurídicas, gestionan la violencia, establecen reglas de comportamiento y, en ciertas situaciones, proporcionan métodos elementales de solución de disputas.

La bibliografía actual en temas de geografía política y seguridad evidencia que este fenómeno no debe interpretarse solamente como la falta de Estado, sino como vínculos híbridos y constantes entre estructuras delictivas y entidades estatales (Ramírez & Kalyvas, 2023). Cuando estos participantes adquieren legitimidad práctica ante la ciudadanía, están en una competencia directa con el Estado por la aplicación del poder.

2. Coerción económica y política sin intervención militar

América Latina también se encuentra en medio de una rivalidad estratégica en la que la intervención militar directa es innecesaria o políticamente cara. Sanciones, restricciones financieras, presión diplomática, supervisión de infraestructuras vitales y operaciones de información se emplean para incidir en decisiones autónomas sin sobrepasar el límite de la guerra.

Esta forma de coerción encaja perfectamente en la lógica de la guerra irregular moderna: acciones legales o cuasilegales que crean efectos estratégicos profundos, pero dificultan que los estados involucrados tengan respuestas simétricas.

3. La debilidad institucional como multiplicador estratégico

Los países con baja capacidad administrativa, fragmentación política y crisis de legitimidad se convierten en entornos ideales para una competencia irregular sostenida. En estos contextos, los actores externos y no estatales pueden aumentar su influencia sin recurrir a la ocupación o la confrontación directa.

Como señala Mazarr (2015), el conflicto en estos escenarios deja de ser una cuestión de poder y se convierte en una contienda de credibilidad, percepción y cohesión social.

El error persistente: tratar la guerra irregular como orden público

Uno de los principales problemas estratégicos de la región es que estos fenómenos suelen ser tratados como cuestiones de seguridad pública, separadas de la seguridad y la defensa nacionales. Esta fragmentación conceptual conduce a respuestas tácticas que pueden ser efectivas en el corto plazo, pero estratégicamente inadecuadas. Si las hostilidades irregulares no se reconocen como tales:

• Se subestiman las habilidades del oponente.

• Los resultados están mal valorados.

• La legitimidad del Estado se pierde incluso en el contexto de un aparente control territorial.

Una advertencia estratégica para la región

Como observamos recientemente en Venezuela, el objetivo de la guerra irregular no es necesariamente derrotar a un país. Su objetivo es más sutil y, a menudo, más eficaz: hacerte insignificante a los ojos de la sociedad.

Desde esta perspectiva, América Latina enfrenta algo más que el crimen organizado, las protestas sociales o crisis gubernamentales episódicas. Se enfrenta a procesos estructurales de competencia irregular, donde varios actores luchan por el poder real sin necesidad de declarar la guerra. Comprender esta realidad no es un ejercicio académico abstracto.

Esta es una condición necesaria para desarrollar políticas gubernamentales, de seguridad y de defensa acordes con la naturaleza del conflicto moderno. En este sentido, es necesario cuestionarse y tomar medidas a tiempo.

Preguntas estratégicas abiertas para los Estados.

• ¿En qué momento el Estado pierde su monopolio de la legitimidad práctica, aunque conserve su monopolio del poder?

• ¿Tiene sentido seguir midiendo el éxito con indicadores convencionales cuando el conflicto es fundamentalmente político y cognitivo?

• ¿Cuántas políticas de seguridad fracasan porque no reconocen que el adversario no busca luchar, sino gobernar?

Referencias

1. Department of Defense. (2020). Irregular Warfare Annex to the National Defense Strategy. U.S. Department of Defense.

2. Mazarr, M. J. (2015). Mastering the Gray Zone: Understanding a Changing Era of Conflict. U.S. Army War College Press.

3. Marks, T., & Ucko, D. (2023). Irregular Warfare: Legitimacy, Violence, and Politics. Georgetown University Press.

4. Nagata, M. (2020). Irregular warfare: A case for clarity. En Future Faces of Irregular Warfare (pp. 61–76). Joint Special Operations University.

5. Ramírez, J. P., & Kalyvas, S. N. (2023). Criminal governance and territorial control. Political Geography, 103, 102850. https://doi.org/10.1016/j.polgeo.2023.102850

6. International Institute for Strategic Studies. (2024). Strategic Survey: The annual assessment of geopolitics. IISS.

7. Center for Strategic and International Studies. (2024). Irregular competition and gray zone conflict in the Western Hemisphere. CSIS.

8. Atlantic Council. (2023). Strategic competition below the threshold. Atlantic Council.

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